Como expone Díaz-Aguado (1996), para hacer amigos/as desde el comienzo de la escuela primaria el niño/a debe manejar cuatro habilidades básicas que le permitirán:
1. Llevarse bien al mismo tiempo con adultos y con iguales. Los niños más aceptados por sus compañeros consiguen hacer compatible su relación con tareas y profesores con la solidaridad hacia sus compañeros.
2. Colaborar e intercambiar el estatus. Las relaciones simétricas (entre iguales) conllevan la continua renegociación de papeles asimétricos (quién controla o dirige a quién en cada momento). Esta situación supone incertidumbre y causa ansiedad al niño/a rechazado. Los niños que tratan continuamente de controlar, de dirigir a otros niños, suelen ser rechazados por sus iguales. Estos niños/as suelen tener dificultades para colaborar, no piden información a sus compañeros/as y tratan con frecuencia de llamar la atención a sobre sí mismos, en lugar de centrarse en la tarea. La capacidad para colaborar intercambiando los papeles de quien manda y quien obedece se adquiere sobre todo entre compañeros/as que se consideran mutuamente amigos/as. De ahí la importancia que tiene conseguir que todos los/as niños/as tengan al menos un/a buen amigo/a entre sus compañeros, con el que desarrollar estas importantes habilidades sociales.
3. Expresar aceptación: el papel de la simpatía. Los/as niños/as que más refuerzan a sus compañeros/as, suelen ser los que más refuerzos reciben. Esta simpatía recíproca hace que al niño/a le guste estar con sus compañeros/as y pueda desarrollar su inteligencia social y emocional. Por el contrario, los/as niños/as que son rechazados por sus compañeros/as suelen expresar con frecuencia conductas negativas hacia ellos/as y recibir conductas similares de los/as otros/as niños/as. Esta antipatía recíproca suele provocar una escalada que hace que las conductas negativas aumenten con el paso del tiempo.
4. Repartir el protagonismo y la atención. Uno de los bienes más valorados en las situaciones sociales es la atención de los demás. Comprenderlo y aprender a repartirla de manera ajustada es una de las más sutiles habilidades sociales. Cuando un/a niño/a trata de entrar en un grupo ya formado podemos observar que:
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Los/as niños/as más aceptados por sus compañeros/as suelen adaptar su comportamiento a lo que el grupo está haciendo sin tratar de acaparar la atención de los demás ni interferir con lo que hacen, comunicándose con ellos/as de forma clara y oportuna.
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Los/as niños/as que suelen ser rechazados, por el contrario, manifiestan menos interés hacia los/as otros/as niños/as, suelen hacer comentarios irrelevantes, expresan frecuentemente desacuerdo, suelen ser ignorados por el grupo, e intentan llamar la atención sobre sí mismos.
Para las familias es muy preocupante que sus criaturas no tengan relaciones satisfactorias en el colegio o instituto, por eso es habitual que acudan a consulta para aprender a guiarles en esa complicada habilidad.
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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