El desarrollo moral se entiende como el avance cognitivo y emocional que permite a cada persona tomar decisiones cada vez más autónomas y realizar acciones que reflejen una mayor preocupación por los demás y por el bien común. Está muy relacionado con el desarrollo de la competencia social y emocional. Es decir, el desarrollo moral está unido al desempeño de un papel (asumir el punto de vista de otro sujeto). Por lo tanto, un aumento en la capacidad para imaginar cómo piensa y siente otra persona, se relacionaría con la capacidad para formular juicios morales (Kohlberg, 1981).
Kohlberg lo define como “el desarrollo de un sentido individual de justicia”, a diferencia de Selman que desarrolla un concepto más relacional, determinando que la moralidad es la “ética de las relaciones”. En este sentido, el desarrollo de lo ético se corresponde directamente con la eficiencia de las competencias sociales, en tanto la adecuación de la convivencia y los valores hacia el respeto de las diferencias de los otros, la comprensión de los motivos de las acciones y la concientización de las posibilidades de construir un futuro y sentido conjuntos.
Piaget (1932) se basó en dos aspectos del razonamiento moral para establecer las distintas etapas por las que atraviesa el desarrollo moral del niño. Por un lado el respeto por las reglas y, por otro, la idea de justicia que poseen los niños y niñas. Atendiendo a estos criterios estableció las siguientes etapas en las que divide el desarrollo moral:
Etapa premoral: abarca los cinco primeros años de la vida del niño, cuando aun no tiene mucha conciencia o consideración por las reglas.
Etapa heterónoma o del realismo moral: se da entre los 5 y los 10 años. Los niños en esta edad tienden a considerar que las reglas son impuestas por figuras de autoridad poderosas, como podrían ser sus padres, dios o la policía. Piensan además que las normas son sagradas e inalterables, abordan cualquier asunto moral desde una perspectiva dicotómica de bien o mal, y creen en una justicia inmanente, es decir, que piensan que cualquier mal acto, tarde o temprano será castigado.
Etapa autónoma: a partir de los 10 años los niños ya se percatan de que las reglas son acuerdos arbitrarios que pueden ser impugnados y modificados con el consentimiento de las personas a las que rigen. Creen que las reglas pueden ser violadas para atender las necesidades humanas y tienen en cuenta la intencionalidad del actor más que las consecuencias del acto
Por otro lado, la hipótesis fundamental que defiende el enfoque cognitivo-evolutivo de Kohlberg (1975, 1977), se refiere a la existencia de una secuencia invariante de estadios que se integran jerárquicamente unos en otros. La formación y desarrollo de estos estadios no depende de un modelo cultural específico, sino que corresponde a la interacción de la actividad estructuradora del sujeto con el medio ambiente.
Existen tres constructos fundamentales en la teoría.
El primero es el de juicio moral, que permite la reflexión de los propios valores y su ordenación jerárquica, y que es posible a través de la capacidad de adopción de roles y las funciones cognitivas, que se ofrece en todas las interacciones sociales.
El segundo concepto fundamental, es el sentido de justicia, que es el central en la comprensión de la moralidad y que se va alcanzando progresivamente en las etapas de la vida.
El tercer y último aspecto es el análisis del desarrollo moral a través de la descripción de niveles y estadios por los cuáles pasa la persona. Estos niveles y estadios son los siguientes:
El nivel preconvencional es el de un sujeto en relación con otros individuos. Se orienta en función de las normas externas y la evitación del castigo en defensa de sus intereses concretos.
I. El estadio heterónomo es el que define el bien como una obediencia a la autoridad y la evitación al castigo. La perspectiva es egocéntrica y no existe la reciprocidad en sus razonamientos.
II. El estadio hedonista-instrumental se caracteriza por unos valores de intercambio y de beneficios mutuos. Se satisfacen los intereses propios. El bien es relativo y existe una igualdad en los intercambios. Es una reciprocidad simple movida por el beneficio que se obtiene de las acciones del sujeto.
El nivel segundo, o el convencional es el de un miembro de la sociedad. La perspectiva es social y el bien está en función de las normas sociales y de las expectativas de los demás y no de una conveniencia particular. Es el nivel típico de los adolescentes y de los adultos occidentales.
III. El estadio de conformidad de las expectativas y relaciones interpersonales comprende valores en función del grupo colectivo. Tiene en cuenta las expectativas de los demás y la responsabilidad con la sociedad. Razona en función de la aprobación social de los otros.
IV. El estadio del sistema social y la conciencia tiene en cuenta el deber social en función del bienestar de la sociedad. Tiene una perspectiva social alejada de los intereses interpersonales.
Y por último, el nivel postconvenional es el de los principios morales universales que sirven para todas las personas de la sociedad.
V. El estadio del contrato social, la utilidad y los derechos del individuo, es el que razona en función de que se cumplan unos derechos universales para las personas implicadas. Conoce las reglas morales y las legales, y las intenta integrar de forma racional.
VI. Respecto al estadio sexto, el mismo Kohlberg reconoce que los datoslongitudinales de sus investigaciones no le han proporcionado material necesario para verificar su hipótesis respecto a este último estadio; ni tampoco poder realizar una concreta descripción de la puntuación en el manual de corrección e identificarlo con fiabilidad.
Desde que escribí este texto para mi tesina por la que adquirí la Suficiencia Investigadora que te supone la otención del Diploma de Estudios Avanzados la invesitigación en este campo ha avanzado mucho y sería muy interesante escribir un nuevo artículo sobre este mismo tema pero con teorías más actuales y basadas en la neurociencia. Pido disculpas por la falta de acutalización del texto pero los clásicos siempre son los clásicos.
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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