Autoestima
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Me cuesta decir que no

Dices que sí a algo que no quieres hacer, y en cuanto cuelgas el teléfono o cierras el mensaje, ya te estás arrepintiendo. Lo sabías desde el principio. Y aun así, no conseguiste decir que no.

Me cuesta decir que no

Por qué cuesta tanto

Casi nunca es un problema de no saber cómo decirlo. Es un problema de lo que crees que va a pasar si lo dices. Miedo a que la otra persona se enfade o se decepcione. Miedo a parecer egoísta o a que dejen de quererte igual. Culpa anticipada, incluso antes de haber dicho nada. Y, debajo de todo eso, muchas veces hay una creencia instalada desde hace mucho tiempo: que tu valor depende de estar disponible para los demás.

Cómo se manifiesta en el día a día

Aceptas planes, tareas o favores que no te apetecen, y luego sientes resentimiento hacia la persona que te lo pidió, aunque en realidad el problema fue no haber dicho que no. Te cuesta priorizar tu propio tiempo sin sentir que estás siendo "mala persona". Acabas agotada de hacer cosas por los demás mientras tus propias necesidades quedan siempre para después. Y cuanto más acumulas ese agotamiento, peor gestionas las siguientes peticiones, entrando en un círculo que se retroalimenta.

El coste de no decir que no

No decir que no no evita el conflicto: solo lo aplaza y lo traslada hacia dentro. En vez de una conversación incómoda con la otra persona, te quedas tú con la incomodidad, el cansancio y, muchas veces, el rencor. A la larga, es un coste mucho mayor que el de la negativa inicial.

No es solo cuestión de técnica

Ya escribí en su día sobre 3 técnicas asertivas para decir NO: el bocadillo, el banco de niebla y el disco rayado, y esas herramientas funcionan muy bien una vez que decides usarlas. Pero antes de la técnica hay un paso previo: entender por qué te cuesta tanto llegar al punto de querer decir que no. Si el problema es solo de vocabulario, la técnica basta. Si el problema es de fondo —miedo al rechazo, necesidad de agradar, culpa aprendida—, la técnica sola se queda corta.

De dónde suele venir

Muchas veces se aprendió en la infancia, en contextos donde decir que no generaba conflicto, decepción o retirada de cariño. Con el tiempo, decir que sí se convirtió en la forma más segura de mantener el vínculo, aunque ese "sí" te costara a ti.

Qué ayuda de verdad

Trabajar la raíz —el miedo al rechazo, la necesidad de agradar— es lo que permite que las técnicas de comunicación funcionen de verdad, en vez de sentirse forzadas cada vez que las usas. Cuando dejas de necesitar la aprobación constante de los demás para sentirte bien contigo misma, decir que no deja de sentirse como un peligro.

Cuándo pedir ayuda

Si notas que este patrón te está costando tiempo, energía o relaciones, y llevas años intentando "ser más asertiva" sin conseguirlo del todo, puede ser el momento de trabajar la raíz en terapia.

Si te reconoces en esto, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada.

Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de autoestima y confianza.


Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.


Foto de Chloë Forbes-Kindlen en Unsplash

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Mónica Manrique - Psicóloga en Madrid

Escrito por

Mónica Manrique

Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.

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