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Pasos para defendernos de manera asertiva de una persona enfadada

Si se trata de una persona significativa para nosotros y nos preocupa su mala gestión de la ira, lo mejor será recomendarle acudir a un especialista. Sin embargo lo más habitual es tener en consulta a las víctimas dañadas por esas personas que utilizan la ira como forma de poder, control y dominio sobre los demás.

“El silencio es uno de los argumentos más difíciles de refutar.”

Josh Billings

Cuando alguien descarga su frustración y enfado en nosotros, seamos o no responsables de su malestar, tenemos que ser muy hábiles para evitar entrar en una escalada de violencia. Y lo más difícil: tenemos que ser capaces de mantener la calma en todo momento.

Si alguien llega a nosotros enfadadísimo y lo que hacemos es darle nuestro punto de vista directamente y en el mismo tono en el que se está dirigiendo a nosotros, lo que conseguimos es que se enfade todavía más. Debemos recordar que cuando estamos muy
enfadados, no somos capaces de escuchar y los demás tampoco.

1. Lo primero que tendremos que hacer cuando alguien se acerca a nosotros de manera
hostil es escuchar. Que exponga todas sus quejas mientras nosotros mantenemos la calma.
2. Tras haberle escuchado, nos ponemos en su lugar, empatizamos con su enfado, que no significa darle la razón. La sinceridad es muy importante, porque si no somos sinceros, la comunicación no verbal nos delatará y conseguiremos que nuestro interlocutor se enfade todavía más.
3. Ahora que ya está menos enfadado, porque le hemos escuchado y sabe que entendemos cómo se siente, le damos la parte de razón que pueda tener.
4. Llegados a este punto, nuestro interlocutor ya estará mucho más tranquilo y con la
disposición adecuada para poder exponerle nuestro punto de vista.

Un buen ejemplo para ilustrarlo sería este: imaginemos que, al sacar nuestro coche del aparcamiento le damos y golpe a otro coche, y el dueño que lo ve se dirige a nosotros hecho una furia. Si nos ponemos igual de furiosos que él, y le recriminamos directamente
sus malas palabras, entraremos en una escalada de violencia que puede acarrear consecuencias nefastas.

1. Si no queremos meternos en problemas, respiraremos hondo, mantendremos la calma
y escucharemos atentamente sus argumentos hasta que termine.
2. Cuando se haya desahogado le diremos que entendemos su enfado, que sabemos que no es plato de buen gusto ver cómo le pegan un golpe a su coche.
3. Muy probablemente ya habrá dejado de gritar aunque puede seguir agitado. Es el momento de darle la parte de razón que pueda tener: “Sí, tiene toda la razón, le he dado un golpe a su coche”.
4. Así, cuando ya esté tranquilo podremos exponerle nuestro punto de vista: “Le he dado un golpe en el coche y lo siento mucho, no era mi intención. Por otra parte, no me ha gustado que en un primer momento se acercara a mí con gritos y amenazas.”

Como hemos visto en el ejemplo, a la hora de comunicar algo, tan importante es lo que decimos como.

Lo expuesto hasta ahora no está reñido con aplicar las consecuencias necesarias a la persona que se haya comportado de manera agresiva o grosera, ya sea con nosotros o con otras personas. Por otra parte, si se trata de una persona significativa para nosotros y
nos preocupa su mala gestión de la ira, lo mejor será recomendarle acudir a un especialista. Aunque lo más habitual es tener en consulta a las víctimas dañadas por esas personas que utilizan la ira como forma de poder, control y dominio sobre los demás.

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Mónica Manrique - Psicóloga en Madrid

Escrito por

Mónica Manrique

Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.

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