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Adicción sin sustancias: cuando lo que engancha no se bebe ni se fuma

No hay ninguna sustancia de por medio, y aun así, sientes que dependes de esa conducta de una forma que ya no controlas del todo. Necesitas hacerlo para sentirte bien. Cuando no puedes, aparece la inquietud. Y aunque sabes que te está costando algo, te cuesta parar.

Adicción sin sustancias: cuando lo que engancha no se bebe ni se fuma

Qué es una adicción sin sustancias

Es una dependencia compulsiva hacia una conducta —no hacia una sustancia— que en algún momento empezó a cumplir una función de alivio, y que con el tiempo se ha vuelto difícil de controlar, a pesar del coste que supone en tu vida diaria, tus relaciones o tu bienestar.

Por qué funciona igual que una adicción a sustancias

El mecanismo cerebral de fondo es muy parecido: la conducta genera una descarga de alivio o de placer, el cerebro aprende a buscar esa descarga cada vez con más frecuencia, y con el tiempo hace falta más cantidad o más intensidad de esa conducta para conseguir el mismo alivio que al principio. La diferencia no está en la gravedad del mecanismo, sino en que socialmente cuesta mucho más reconocerlo como un problema, porque la conducta en sí —usar el móvil, trabajar, comprar— es algo cotidiano y aceptado.

Lo importante no es la conducta, es la función

Antes de preguntarte "qué tengo", es más útil preguntarte "qué me está dando esto que no estoy encontrando en otro sitio". Casi siempre hay una función de fondo: escapar de un malestar que de otra forma resulta difícil de sostener, recuperar una sensación de control en medio de la incertidumbre, o llenar un vacío de conexión que la conducta simula cubrir, aunque no lo haga del todo.

El círculo que lo mantiene

Recurrir a la conducta calma el malestar de forma inmediata, y ese alivio es real, aunque breve. El problema es que no resuelve lo que había detrás del malestar, así que cuando este vuelve a aparecer, la respuesta aprendida es recurrir de nuevo a la misma conducta. Cada repetición refuerza el circuito, y cada vez cuesta más parar, no porque falte voluntad, sino porque el cerebro ha aprendido una ruta muy eficaz de alivio a corto plazo.

Por qué cuesta tanto reconocerlo

A diferencia de una adicción a sustancias, aquí no hay un objeto "prohibido" que señale con claridad que algo va mal. El móvil, el trabajo, las compras o el juego forman parte de la vida cotidiana de casi todo el mundo, lo cual hace mucho más difícil identificar el punto en el que una conducta normal se ha convertido en una dependencia.

Qué ayuda de verdad

El trabajo no se limita a "dejar de hacerlo", porque eliminar la conducta sin trabajar la función que cumplía suele generar más malestar, no menos. Se trata de identificar qué necesidad de fondo está cubriendo esa conducta, y construir otras formas de cubrir esa misma necesidad que no tengan el mismo coste.

Cuándo pedir ayuda

Si notas que una conducta concreta ocupa cada vez más espacio en tu vida, que te cuesta parar aunque quieras, o que ya está afectando a tu trabajo, tus relaciones o tu descanso, puede ser buen momento para trabajarlo en terapia.


Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.

Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de adicciones.

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Foto de Rob Hampson en Unsplash

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Mónica Manrique - Psicóloga en Madrid

Escrito por

Mónica Manrique

Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.

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