Qué hay detrás de cada lado del ciclo
La persona con apego ansioso necesita cercanía y confirmación constante de que la relación va bien. Cuando siente distancia, se activa: busca, pregunta, reclama. No es un capricho ni "estar pesada": es una respuesta aprendida ante el miedo a que la relación se rompa.
La persona con apego evitativo necesita espacio e independencia para sentirse segura. Cuando siente que le exigen cercanía, se repliega: se distancia, evita la conversación, necesita "aire". Tampoco es frialdad ni desinterés: es una respuesta aprendida ante el miedo a sentirse invadida o atrapada.
Por qué se retroalimentan mutuamente
Aquí está la trampa: cada reacción confirma el miedo del otro. Cuando la persona ansiosa persigue, la evitativa siente que su necesidad de espacio estaba justificada, y se aleja todavía más. Cuando la evitativa se aleja, la ansiosa siente que su miedo al abandono estaba justificado, y persigue todavía con más fuerza.
Ninguno de los dos hace nada "mal" en sentido moral. Ambos están usando la estrategia que en su día les protegió, aplicada a una situación donde ya no funciona. El problema no es la persona: es el patrón que se ha instalado entre las dos.
Por qué estos dos perfiles se atraen tanto
No es casualidad que estos dos patrones acaben juntos con tanta frecuencia. Cada uno confirma, sin quererlo, la visión del mundo del otro: la persona ansiosa aprende que hay que luchar por el amor, y la evitativa aprende que hay que protegerse del compromiso. Esa mezcla, al principio, hasta puede sentirse como pasión — la intensidad de perseguir y de ser perseguida. Con el tiempo, sin embargo, ambas partes terminan agotadas, sintiéndose solas e incomprendidas dentro de la misma relación.
Cómo se ve en el día a día
Uno manda muchos mensajes seguidos; el otro tarda en responder y siente que "agobia". Uno necesita hablar de la relación para sentirse tranquilo; el otro evita esas conversaciones porque las siente como un examen. Uno se enfada por el silencio; el otro se encierra más ante el enfado. Y así, una y otra vez, con el mismo guion cambiando solo el detalle concreto.
Qué se puede hacer
Lo primero es dejar de buscar quién tiene la culpa. Ninguno de los dos está "roto": los dos están reaccionando desde un patrón aprendido, probablemente mucho antes de conoceros. Trabajar esto no siempre requiere que la pareja venga junta a consulta —muchas veces basta con que una de las dos personas entienda su propio patrón y empiece a reaccionar distinto, y eso ya cambia la dinámica completa.
Cuando el patrón viene de heridas más profundas —de la infancia, de relaciones anteriores—, trabajo con el modelo de Sistemas de la Familia Interna (IFS), que ayuda a entender qué parte tuya se activa cuando persigues o cuando te alejas, y a dar respuesta a lo que esa parte necesita sin que termine dirigiendo toda la relación.
Romper el ciclo es posible
No se trata de que la persona ansiosa "deje de necesitar" ni de que la evitativa "se abra de golpe". Se trata de entender el mecanismo lo suficiente como para responder distinto la próxima vez que se active, en vez de repetir automáticamente el mismo paso de siempre.
Si reconoces este ciclo en tu relación, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada. Te espero.
Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de terapia de pareja.
Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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