Relaciones de pareja
9 min lectura

Relaciones tóxicas: cómo distinguirlas de una mala racha de pareja

Cuando llevas tiempo dentro de una dinámica tóxica, tu punto de referencia de "normalidad" se ha ido desplazando poco a poco. Lo que al principio te hubiera parecido inaceptable, ahora puede parecerte "así son las relaciones" o "todas las parejas tienen sus cosas"

Relaciones tóxicas: cómo distinguirlas de una mala racha de pareja

Señales de que puede ser una relación tóxica que en realidad es violencia de género 

Sientes que caminas sobre cáscaras de huevo, midiendo cada palabra para no provocar una reacción. Tus sentimientos se minimizan o se ridiculizan cuando los expresas ("estás exagerando", "eres muy sensible"). Hay ciclos de mucho cariño seguidos de mucha frialdad o desprecio, y nunca sabes cuál va a tocar. Has perdido contacto con amistades o familia, poco a poco, casi sin darte cuenta de cómo pasó. Te sientes agotada emocionalmente la mayor parte del tiempo, más que feliz. Te cuestionas tu propia percepción de la realidad después de las discusiones, dudando de si lo que sentiste fue "para tanto".

 

Esto puede ser violencia de género, aunque no haya golpes

La violencia de género no es solo violencia física. El control constante, el aislamiento de tu entorno, la humillación repetida, la desvalorización de lo que sientes o piensas, las amenazas o el control económico también son violencia de género, y son mucho más frecuentes de lo que se cree. Si te reconoces en varias de las señales que describo arriba —sobre todo el control, el aislamiento o que dudes constantemente de tu propia percepción de la realidad— no lo minimices por el hecho de que nunca haya habido un golpe.

 

Cómo saber si es mala racha o algo más

Entender cómo se instala el maltrato dentro de una relación ayuda a reconocerlo antes, y también ayuda a algo igual de importante: dejar de sentir que "debiste haberlo visto venir". El proceso está diseñado, precisamente, para que resulte casi imposible detectarlo desde dentro mientras ocurre.

La psicóloga Olga Barroso describe el proceso en cuatro etapas. No siempre son iguales de rápidas ni de evidentes, pero el orden se repite con una regularidad que merece la pena conocer.

Etapa 1: la seducción

Al principio, el maltratador necesita generar un vínculo afectivo fuerte. Y aquí está lo que más cuesta entender después: en la mayoría de los casos, no está fingiendo. Salvo perfiles con rasgos psicopáticos que sí calculan deliberadamente cómo atrapar a su víctima, la mayoría de los agresores viven ese primer momento con la misma intensidad que transmiten. Dicen que la ven maravillosa, que quieren hacerla feliz, y en ese instante lo sienten así de verdad.

Por eso, al principio de la relación, el comportamiento de una persona maltratadora y el de alguien que no lo es pueden resultar prácticamente indistinguibles, aunque el motor profundo de cada una sea radicalmente distinto.

Etapa 2: el desgaste

Una vez conseguido el vínculo, no es suficiente. La necesidad de control avanza un escalón: ahora busca que ella le dé prioridad por encima de todo, y que acepte su punto de vista como el válido. Para lograrlo, empieza a erosionarla, poco a poco y de forma casi imperceptible: le hace dudar de su propia capacidad, de su inteligencia, de su implicación en la relación. La desacredita, siembra dudas sobre su criterio y sus decisiones, la insulta, siempre de forma gradual.

El resultado, al final de esta fase, es un autoconcepto debilitado: ella empieza a sentirse inferior a él, y a creer que lo necesita para sostenerse.

Etapa 3: la culpa

Con la autoestima ya minada, llega el siguiente paso: hacerla responsable de lo que va mal en la relación. Que no hace lo suficiente, que no se comporta como debería, que provoca sus reacciones. El agresor empieza a justificar sus propios estallidos de violencia como una consecuencia lógica de los "errores" de ella.

Etapa 4: la escalada

Cuando ella ya ha interiorizado que es la causante de la violencia, el agresor tiene el camino abierto para seguir aumentándola, buscando cada vez más control. Es en este punto donde las agresiones —físicas o psicológicas— se vuelven más graves y más frecuentes.

Por qué es tan difícil verlo desde dentro

Este proceso no funciona por casualidad: cada etapa prepara el terreno para la siguiente, y la propia víctima termina, sin buscarlo, sosteniendo parte de la narrativa que la mantiene atrapada. Si te reconoces en alguna de estas etapas, no es una señal de que "deberías haberlo visto antes". Es, precisamente, la señal de que el proceso ha funcionado como estaba diseñado para funcionar.

 

Las tres fases del ciclo de la violencia que te mantiene atrapada

La psicóloga estadounidense Lenore Walker describió en 1979, tras entrevistar a cientos de mujeres maltratadas, un patrón que se repetía una y otra vez en las relaciones de violencia de género: no se trataba de agresiones aisladas, sino de un ciclo con fases reconocibles que se suceden y vuelven a empezar. A ese patrón lo llamó el ciclo de la violencia, y sigue siendo hoy una de las explicaciones más utilizadas para entender por qué a tantas mujeres les cuesta tanto salir de una relación de maltrato.

Fase 1: acumulación de tensión

El ambiente se va cargando poco a poco. Aumentan los roces por motivos cotidianos, el agresor se muestra cada vez más irritable, y cualquier cosa puede convertirse en motivo de conflicto. En esta fase, es habitual que la mujer intente evitar el enfrentamiento a toda costa, cediendo, complaciendo o anticipándose a lo que cree que puede generar el siguiente estallido.

Fase 2: episodio de violencia

La tensión acumulada estalla, en forma de agresión física, psicológica o ambas. Es la fase más breve del ciclo, pero la más determinante: suele ser el punto en el que la mujer identifica con más claridad que algo va gravemente mal.

Fase 3: reconciliación o "luna de miel"

Después del episodio, el agresor suele mostrarse arrepentido, cariñoso y prometiendo que no volverá a ocurrir. Esta fase de calma es la que más dificulta la salida de la relación: refuerza la esperanza de que el episodio anterior fue una excepción, y no el inicio de un patrón.

Por qué cuesta tanto romper el ciclo

Con cada repetición, la fase de reconciliación tiende a acortarse y la violencia a intensificarse. La mujer, atrapada en un ciclo que alterna momentos de miedo con momentos de esperanza, va perdiendo recursos psicológicos para salir, no por debilidad, sino porque el propio ciclo está diseñado para generar precisamente ese efecto.

El ciclo de la violencia que te mantiene atrapada

La psicóloga estadounidense Lenore Walker describió en 1979, tras entrevistar a cientos de mujeres maltratadas, un patrón que se repetía una y otra vez en las relaciones de violencia de género: no se trataba de agresiones aisladas, sino de un ciclo con fases reconocibles que se suceden y vuelven a empezar. A ese patrón lo llamó el ciclo de la violencia, y sigue siendo hoy una de las explicaciones más utilizadas para entender por qué a tantas mujeres les cuesta tanto salir de una relación de maltrato.

Fase 1: acumulación de tensión

El ambiente se va cargando poco a poco. Aumentan los roces por motivos cotidianos, el agresor se muestra cada vez más irritable, y cualquier cosa puede convertirse en motivo de conflicto. En esta fase, es habitual que la mujer intente evitar el enfrentamiento a toda costa, cediendo, complaciendo o anticipándose a lo que cree que puede generar el siguiente estallido.

Fase 2: episodio de violencia

La tensión acumulada estalla, en forma de agresión física, psicológica o ambas. Es la fase más breve del ciclo, pero la más determinante: suele ser el punto en el que la mujer identifica con más claridad que algo va gravemente mal.

Fase 3: reconciliación o "luna de miel"

Después del episodio, el agresor suele mostrarse arrepentido, cariñoso y prometiendo que no volverá a ocurrir. Esta fase de calma es la que más dificulta la salida de la relación: refuerza la esperanza de que el episodio anterior fue una excepción, y no el inicio de un patrón.

Por qué cuesta tanto romper el ciclo

Con cada repetición, la fase de reconciliación tiende a acortarse y la violencia a intensificarse. La mujer, atrapada en un ciclo que alterna momentos de miedo con momentos de esperanza, va perdiendo recursos psicológicos para salir, no por debilidad, sino porque el propio ciclo está diseñado para generar precisamente ese efecto.

 

Qué hacer

No hace falta tomar la decisión de romper para empezar a trabajarlo. El primer paso es simplemente nombrar lo que está pasando, sin restarle importancia, y a partir de ahí decidir con más claridad qué quieres hacer.

Si tienes dudas sobre tu relación, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada.

También puedes llamar al 016, atención a víctimas de violencia de género, disponible las 24 horas, gratuito y sin rastro en la factura. No hace falta tener la certeza completa para llamar.

Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de trauma y vínculos.

Si quieres profundizar en el tema te recomiendo el libro de Olga Barroso, es una maravilla:

  • Barroso Braojos, O. (2021). El amor no maltrata: todo lo que necesitas para identificar y escapar del maltrato en la pareja.
  • Walker, L. E. (1979). The Battered Woman. Harper & Row.

Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.


 

Foto de Eric Ward en Unsplash

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Mónica Manrique - Psicóloga en Madrid

Escrito por

Mónica Manrique

Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.

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