De dónde viene
Una herida de abandono no siempre nace de un abandono literal. Puede venir de una ausencia física —un padre o una madre que no estuvo—, pero también de una ausencia emocional: un cuidador presente en casa pero inconsistente, que unas veces atendía y otras no, o que estaba física pero no emocionalmente disponible. El niño o la niña que fuiste no necesitó que te dejaran del todo para aprender que el vínculo no era seguro. Le bastó con no poder predecir cuándo iba a estar disponible el cariño que necesitaba.
Esa incertidumbre temprana deja una conclusión grabada muy hondo: "no puedo confiar en que las personas se queden", aunque de adulta sepas racionalmente que no siempre es así.
Cómo se manifiesta en tus relaciones adultas
Necesitas confirmación constante de que la otra persona no se va a ir. Interpretas silencios, tardanzas en responder o cambios de planes como señales de que algo va mal, aunque no haya ninguna evidencia real. A veces te alejas tú primero, para no dar a la otra persona la oportunidad de dejarte antes. Te cuesta muchísimo confiar del todo, incluso en relaciones que llevan años siendo estables. Sientes pánico ante un conflicto normal, como si cualquier discusión pudiera ser el principio del final.
Por qué se repite una y otra vez
Aquí está la parte más difícil de aceptar: muchas veces, sin darte cuenta, terminas escogiendo o generando exactamente las dinámicas que confirman tu miedo. No porque lo busques conscientemente, sino porque lo familiar —aunque duela— se siente más reconocible que lo seguro. Una relación estable puede llegar a sentirse "rara" o poco creíble, precisamente porque no coincide con lo que aprendiste de pequeña sobre cómo son los vínculos.
Cómo se trabaja esta herida
Para este tipo de trabajo utilizo el modelo de Sistemas de la Familia Interna (IFS). La idea central es que dentro de ti convive la parte adulta que eres ahora con partes más jóvenes que se quedaron ancladas en aquellas experiencias tempranas, y que siguen reaccionando como entonces cuando algo se parece, aunque sea remotamente, a aquella sensación de abandono.
El trabajo no consiste en "hacer terapia con tus padres" ni en revivir el pasado sin más. Consiste en reconectar con esa parte herida desde tu yo adulto de hoy, dándole lo que en su momento no tuvo, para que deje de reaccionar de forma automática cada vez que una relación actual le recuerda a aquello.
No es un defecto de carácter
Si te reconoces en esto, no es que estés "rota" ni que seas "demasiado". Es una respuesta muy lógica a lo que viviste, que en su momento tuvo sentido y que hoy puede trabajarse para que deje de decidir por ti en tus relaciones.
Si te reconoces en esto, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada.
Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de trauma y vínculos.
Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.
Foto de jean wimmerlin en Unsplash
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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