Por qué cuesta tanto decidir
Casi nunca es un problema de falta de información. Es miedo: miedo a elegir mal, a arrepentirte, a que la decisión tenga consecuencias que no puedas controlar. Cuanto más importante sientes que es una decisión, más se activa ese miedo, y más difícil resulta avanzar. Esto conecta directamente con lo que cuento en tengo miedo a equivocarme: si el error te resulta intolerable, cualquier decisión se convierte en un examen de alto riesgo.
Cómo se manifiesta
Buscas más y más información antes de decidir, aunque ya tengas suficiente para hacerlo. Pides opinión a mucha gente, y cuantas más opiniones distintas recibes, más confundida te sientes. Haces listas de pros y contras que, en el fondo, ya sabes que no van a resolver la indecisión. Te arrepientes o dudas de la decisión incluso después de haberla tomado. Evitas decidir del todo, dejando que el tiempo o las circunstancias decidan por ti.
El círculo que mantiene la indecisión
Buscar más información o más opiniones parece razonable, pero muchas veces no busca datos: busca la certeza absoluta de que la decisión va a salir bien. Esa certeza no existe para ninguna decisión importante de la vida, así que la búsqueda no termina nunca, y mientras tanto la decisión sigue sin tomarse. Cuantas más vueltas le das, más grande se hace en tu cabeza, y más miedo da decidir.
Por qué no existe la decisión "perfecta"
Casi ninguna decisión importante tiene una opción claramente correcta y otra claramente equivocada. La mayoría son buenas decisiones con distintos costes y beneficios, no una decisión correcta escondida entre muchas incorrectas. Buscar la opción perfecta es, muchas veces, buscar algo que no existe, y eso por sí solo puede explicar por qué te cuesta tanto llegar a un punto de cierre.
Qué ayuda de verdad
Ayuda ponerle un límite de tiempo a la decisión, en vez de dejarla abierta indefinidamente. Ayuda también preguntarte qué es lo peor que podría pasar si te equivocas, y si realmente sería tan grave o irreversible como lo sientes ahora mismo. Y ayuda recordar que no decidir también es una decisión, con sus propias consecuencias, aunque no lo parezca.
Cuándo pedir ayuda
Si la indecisión te genera ansiedad constante, te hace depender demasiado de la opinión ajena, o te está costando oportunidades por quedarte parada, puede ser buen momento para trabajarlo en terapia.
Si te reconoces en esto, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada.
Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de bloqueos y procrastinación.
Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.
Foto de Javier Allegue Barros en Unsplash
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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