De dónde viene esta necesidad
Controlar da la sensación de seguridad. Si lo anticipas todo, si lo planificas todo, si no dejas nada al azar, crees que puedes evitar que pase algo malo. Es una estrategia que tiene su lógica: en algún momento, probablemente, controlar de verdad te ayudó a sentirte más segura en una situación que no lo era.
El problema es que esa estrategia, útil en su momento, se ha quedado activada permanentemente, aplicándose incluso a situaciones donde no hace falta, o donde ni siquiera es posible controlar el resultado.
Cómo se manifiesta
Te cuesta delegar, porque solo confías en que las cosas salgan bien si las haces tú misma. Planificas en exceso, incluso situaciones que no lo requieren, para reducir cualquier margen de imprevisto. Sientes ansiedad intensa cuando algo se sale del plan, aunque el cambio sea menor. Te cuesta relajarte o disfrutar de un momento si sientes que "algo se te puede estar escapando". Revisas, compruebas y confirmas más de lo necesario, buscando una certeza que nunca termina de llegar.
Por qué controlar más no calma la ansiedad
Aquí está la trampa: cuanto más necesitas controlar, más le confirmas a tu propia mente que el mundo es un lugar peligroso que hay que vigilar constantemente. El alivio que sientes al controlar algo es real, pero dura poco, porque no resuelve la sensación de fondo: siempre habrá algo nuevo que no puedes controlar, y tu mente lo encontrará.
Es el mismo mecanismo que describo en [ansiedad anticipatoria]: la solución que usas para calmar la ansiedad termina siendo lo que la mantiene activa.
La conexión con el perfeccionismo
Este patrón suele ir de la mano del perfeccionismo, del que hablo en [perfeccionismo]: si controlas cada detalle, reduces el margen de error, y si reduces el margen de error, evitas el juicio o el fracaso que tanto temes. Los dos patrones se retroalimentan.
Qué ayuda de verdad
No se trata de "soltar el control de golpe", algo que además resultaría contraproducente y muy angustiante. Se trata de identificar qué es realmente tuyo para controlar y qué no, y empezar a tolerar, en dosis pequeñas, la incertidumbre que no puedes eliminar por mucho que lo intentes. Cada vez que compruebas que "no controlar" no fue tan grave como anticipabas, esa sensación de peligro constante empieza a bajar.
Cuándo pedir ayuda
Si la necesidad de control te genera ansiedad constante, te agota, o está afectando a tus relaciones porque también esperas controlar lo que hacen los demás, puede ser buen momento para trabajarlo en terapia.
Si te reconoces en esto, la primera consulta es gratuita, en Chamberí o por videollamada.
Puedes conocer más sobre cómo trabajo esto en mi página de tratamiento de ansiedad y estrés.
Mónica Manrique, psicóloga colegiada M-22681.
Escrito por
Mónica Manrique
Psicóloga colegiada especializada en terapia breve estratégica. +15 años ayudando a personas a superar la ansiedad, la depresión y los problemas de autoestima.
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