¿Se te repite una y otra vez la misma idea, por más que intentes apartarla? ¿Necesitas comprobar, contar, ordenar o repetir algo para sentirte tranquila, aunque la calma dure poco? ¿Te asaltan pensamientos que te dan miedo o vergüenza, y que sientes que no pegan contigo?
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y los pensamientos intrusivos son de los problemas psicológicos que más silencio generan. No porque sean raros —son más frecuentes de lo que se piensa— sino porque el contenido de esos pensamientos suele dar tanto miedo o tanta vergüenza que cuesta ponerlo en palabras, incluso en consulta.
Tener un pensamiento intrusivo no significa que quieras que pase, ni que vayas a hacerlo, ni que diga algo sobre quién eres. La diferencia, en el TOC, es lo que haces después con ese pensamiento: la lucha por controlarlo, evitarlo o neutralizarlo es lo que lo convierte en un problema que ocupa cada vez más espacio.
Desde el enfoque breve estratégico, no me centro en analizar de dónde viene el pensamiento, sino en qué mantiene el ciclo hoy. La comprobación, la evitación y la búsqueda constante de tranquilidad son intentos de solución razonables —cualquiera haría lo mismo— pero son precisamente los que, mantenidos en el tiempo, alimentan el problema en lugar de resolverlo. El trabajo consiste en romper ese ciclo de forma progresiva y pactada contigo, sin exponerte a nada para lo que no estés preparada, y sin juicio en ningún momento sobre el contenido de tus pensamientos.
Si llevas tiempo evitando hablar de esto por vergüenza, quiero que sepas que es de los motivos de consulta que trato con más frecuencia y con mejores resultados. Cuanto antes se aborda, menos terreno gana.
Puedes leer más sobre esto en el blog: pensamientos intrusivos, TOC de comprobación, TOC relacional, TOC de contaminación, obsesiones sexuales y obsesiones religiosas.
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